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El Transiberiano

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Hay dos trenes míticos cuya sola mención evoca misterio, exotismo y aventura. Uno es el Orient Express y el otro es el Transiberiano: el tren de los zares.

Aunque la construcción de este último comienza en 1891 realmente hay que trasladarse a 1859 para entender su historia: aquel año se fundó el puerto de Vladivostok, que se convertiría en el más importante que tendría Rusia en el Pacífico veinte años después. Lamentablemente la única vía de comunicación con Moscú era a través de carromatos o trineos. Estamos hablando de más de 9.000 kilómetros y de muchísimos días de viaje en los que podía pasar de todo: desde asaltos hasta accidentes. Como podéis imaginar no eran condiciones para establecer una ruta comercial, así que era lógico tender una vía entre ambas ciudades sirviéndose del medio más moderno de la época, el ferrocarril.

El tendido de la vía comenzó, al igual que con el Transcontinental Norteamericano, por ambos extremos: el que partía de Moscú se extendía hacia el este prácticamente en línea recta mientras que aquel que comenzaba en Vladivostok seguía el margen del río Ussuri. Comenzaban 25 años de duro trabajo por la estepa siberiana, uno de los terrenos más inhóspitos del mundo.

Se sabía perfectamente que llevaría bastante tiempo completar el trayecto total, así que la línea se fue abriendo en varios tramos. De igual manera el proyecto se iba retrasando por diferentes razones: en 1905 teóricamente se podía ir de extremo a extremos, pero había que hacer parte del camino central en carros e incluso en barco. No sería hasta 1916 que las vías cubrieron ininterrumpidamente el viaje entre Moscú y Vladivostok. Sin embargo varias veces hubo que reparar diferentes tramos. Rusia no atravesaba el mejor de sus momentos y los materiales eran los más baratos. Sin embargo para el gobierno había sido un éxito rotundo. Lo importante era que se podía ir de un extremo a otro de Rusia en menos de una semana. Se llegó a pensar incluso en la explotación turística de la línea, pero la revolución soviética dio al traste con esos planes. No obstante la línea resultó ser también una ayuda excepcional para difundir el ideario comunista.

Décadas después sigue siendo una de las líneas de comunicación más importantes no sólo á, también para toda Europa. A día de hoy muchas mercancías de origen asiático viajan por las vías del transiberiano pues la terrestre ha resultado ser una vía mucho más rápida que la marítima. Grandes compañías comerciales están invirtiendo en él y ya se habla de una nueva "ruta de la seda" que transcurre por las llanuras siberianas.

Curiosamente también ha crecido el interés turístico de esta ruta: tras décadas prácticamente aislada Rusia se abre al mundo y nos muestra un paisaje natural fascinante y unas ciudades encantadoras.

Un extenso y nuevo mundo con el que quedarán encantados aventureros, aficionados a la historia y viajeros de todo tipo que buscan lo inesperado sobre unos raíles que han sustentado la historia de un gran país.

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