Los gauchos, "cowboys" de Sudamérica

Los gauchos, cowboys de Sudamérica

Gaucho

Hijo de algún confín de la llanura
abierta, elemental, casi secreta,
tiraba el firme lazo que sujeta
al firme toro de cerviz oscura.

Así es como describe Jorge Luís Borges al gaucho, aquel jinete indómito de las llanuras de Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay que se ha convertido en todo un arquetipo en Sudamérica semejante al del cowboy estadounidense.

Bueno... aclaremos lo dicho anteriormente, porque hay muchos que piensan que el gaucho es más antiguo que el clásico "vaquero" de las películas del Oeste. Si bien es cierto que el estadounidense tiene sus raíces en los jinetes mexicanos que llevaban el ganado en el siglo XVI, el "cowboy" tal y como lo conocemos es una figura puramente decimonónica. Sin embargo del gaucho hay constancia desde 1771, año en el que se le cita por primera vez en un documento. Quizá la mención no es demasiado amablo, pues habla de estos gauchos como "bandidos"… pero es la primera vez que se dice su nombre. Algo es algo.

Por cierto, ¿de dónde viene su nombre? Hay varias teorías: la más aceptada es que la palabra viene del quechua "huachu", que significa "vagabundo"; otra teoría afirma que la palabra viene de "guanche", al referirse al origen de algunos de aquellos jinetes, descendientes de los emigrantes canarios que refundaron Montevideo en 1724; algunos piensan que es una evolución del término portugués "gauderio", usado para designar a los llaneros habitantes de la región brasileña de Río Grande del Sur; incluso hay quien da a la palabra un origen árabe pues la palabra "chaucho" hace referencia al látigo con el que se fustiga a los animales. Quizá sea un poco de todo. Al fin y al cabo más que a una etnia, la palabra describe un modo de vida: el de aquellos mestizos y criollos que tuvieron que elegir una vida prácticamente nómada al no ser aceptados ni por unos ni por otros. Es muy probable que el típico carácter gaucho, altivo, reservado, melancólico y algo desconfiado, venga precisamente de aquella circunstancia.

En este tipo de existencia el caballo es parte fundamental. Se convierte en un compañero inseparable y, a fuerza de convivir con él temporadas enteras, el gaucho se convierte en un avezado jinete. Su destreza se convierte en legendaria y se llegan a contar historias sobre guachos que duermen sobre sus monturas. Sin embargo, pese a que su pericia no tiene igual, este extremo es algo exagerado pues existe un cobijo típico, el rancho: una vivienda hecha en sus orígenes de adobe y tejado de paja. La sencillez del rancho contrasta con la complejidad de sus vistosas ropas. Hablando mal y pronto podría decirse que en la vestimenta del gaucho conviven elementos de dos precedesores igualmente legendarios: el vaquero andaluz y el beduino. Espuelas, botas altas y sombreros de ala ancha y copa baja se mezclan con largos ponchos, pantalones bombachos y pañuelos delicadamente decorados.

Sin embargo el elemento gaucho más reconocible tiene orígenes puramente americanos: las famosas boleadoras usadas como arma, instrumento de caza o lazo para el ganado fueron creadas por los indígenas patagones. Los gauchos las perfeccionaron… ¡y qué de manera! Hasta tal punto ha llegado la pericia de estos jinetes usando este instrumento que se ha convertido en un símbolo más de su identidad.

Seguiríamos contando historias de los gauchos, especialmente alrededor de un fuego en la Pampa. Pero dejamos al lector que profundice en la realidad y en la leyenda de estos fascinantes habitantes de las llanuras.

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