Las bodas tradicionales en Hungría

Bodas tradicionales en Hungría

Los tiempos cambian y con ellos las costumbres. Aunque las bodas húngaras ya no se distinguen prácticamente en nada de las que se celebran en otros lugares todavía hay personas que siguen prefiriendo la vistosa tradición.

Si asistimos a una boda tradicional húngara antes de nada recibiremos la visita del padrino, que personalmente nos invitará al evento. No nos dará una tarjeta, nos dirá en verso que espera que vayamos a la boda a celebrar la felicidad de la pareja. El puesto de padrino es estas ocasiones de muchísima responsabilidad: él es el encargado de organizar los festejos que acompañarán al enlace (antiguamente podían durar hasta tres días).

Gracias al padrino, los novios quedan descargados de trabajo y pueden dedicarse por ejemplo, a su vestimenta. El traje de novio y el vestido de novia son muy llamativos: de vivos colores y adornados con motivos vegetales y florales. El vestido de novia en concreto debe tener tres colores y un monumental tocado de flores así como incluir el adorno de espigas de trigo (símbolo de fertilidad).

Estas bodas no eran festividades para dos familias. Tradicionalmente todos los vecinos del pueblo formaban una comitiva que acompañaba a la novia, subida en una carreta decorada, a la casa del novio. El camino solía alargarse por los constantes brindis en honor de la novia.

Al llegar al hogar del novio, los futuros suegros ofrecían a la prometida un vaso de vino, que ella apuraba y lanzaba por encima de su hombro dejando que se rompiese en el suelo. También le podían ofrecer un huevo para que la novia haga lo mismo: que el huevo se rompiera auguraba una fuerte y sana descendencia. Otra curiosa tradición era la de arrojar al suelo una mezcla de pedazos de platos rotos y monedas que la novia separaba con una escoba para conjurar la buena fortuna.

Actualmente para que en Hungría toda boda sea legal hay que realizar una ceremonia civil. Pero muchas parejas pueden también realizar una ceremonia religiosa, en la que perduran antiguas tradiciones.

Dentro de la iglesia los contrayentes se colocan sobre una plataforma y escuchan canciones y poemas que les dedican los invitados así como anécdotas de su vida como novios. También es costumbre que durante la ceremonia lleven los anillos en la mano izquierda y que, cuando terminen, se lo cambien a la derecha.

Es también costumbre que la esposa regale a su marido tres o siete pañuelos (estos son números de la suerte) y que él le entregue a ella una bolsa con monedas. Los invitados, también cuando termina la ceremonia, entregan sus regalos. Hay que observar cuidadosamente quién regala qué, pues los novios deben hacer un obsequio similar al invitado en una futura ocasión especial.

La fiesta continúa durante el banquete. Abundan en ella la comida (condimentada con pimentón, una especia con propiedades mágicas) y la música de violín. La novia suele realizar un "baile de dinero": los invitados masculinos prenden dinero de su ropa o le meten monedas en sus zapatos, que se encuentran en el centro de la pista. Lo recaudado de esta manera será utilizado para pagar el viaje de luna de miel.

Pese a que los tiempos han cambiado es bonito saber que en algunos lugares las tradiciones todavía continúan vigentes en muchos aspectos

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