Receta francesa: Beignet & Bugnes

Receta francesa: beignets & bugnes

Beignets y Bugnes

Este mes no os vamos a mostrar una receta francesa, sino dos, la del beignet y la del bugne. La razón es que la gente que nos asesora ha insistido mucho en que no las confundamos aunque suenen parecidas. Para que os hagáis una idea: sería como confundir un buñuelo con un pestiño.

Comencemos por el beignet: como os hemos indicado es parecido a lo que entendemos en España por un buñuelo, aunque algo más esponjoso. Típicos del "Mardi Gras" (Martes del carnaval) pero de ascendencia romana –se dice que una versión antigua se consumía durante las calendas de marzo-, los beignets son muy fáciles de preparar: basta con hacer una masa con harina, huevos, levadura, ralladura de limón, aceite y mantequilla (en algunos lugares también se le hecha un poco cerveza). Si sois algo impacientes ahora viene lo peor, pues hay que dejar que la masa repose durante cuatro horas y después dejarla durante toda una noche en el frigorífico. Al día siguiente podréis hacer bollos con la masa, freírlos y espolvorearlos con azúcar. ¡Ah! y si sois verdaderamente golosos podéis partirlos y untarles mermelada.

Pasemos a la siguiente receta: aunque hay gente que piensa que son lo mismo que los beignets, los bugnes son algo distinto. Que se lo digan a los habitantes de Lyon, de donde son típicos. Como ya hemos dicho son similares a los pestiños españoles, al menos en su forma. Los ingredientes son prácticamente los mismos que los del beignet, pero a la masa se le añade una copa de ron o licor (también se le puede echar café). La receta igualmente exige que la mezcla repose medio día, pero a la hora de freírlos hay que procurar que los bollos sean muy finos (para que sean más crujientes que esponjosos). Finalmente hay que dejarlos sobre papel absorbente para que se liberen del exceso de aceite y sean más ligeros. Seguro que lo habéis supuesto pero os diremos que son ideales para tomar con una taza de café a media tarde.

Quizá os parezcan demasiado parecidos, pero lo cierto es que a la hora de comer la diferencia se nota. Pensad que tampoco es lo mismo un huevo frito que una tortilla y aun así tienen los mismos ingredientes. Pero lo mejor es que lo comprobéis por vosotros mismos… ¡y ahora mismo! Seguro que en la alacena tenéis todo lo necesario para elaborarlos.

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