Receta alemana: Christstollen

Christstollen

En cada país hay un pastel navideño que no falta en ninguna casa: en España es el roscón, en Italia el Panettone y en Alemania el Christstollen.

Este postre, de nombre tan complicado, es básicamente un esponjo pan con pasas cubierto de azúcar en polvo. Quizá pueda sonar un poco truculento a nuestros oídos pero cuenta la tradición que su forma es alarga porque debe recordar la apariencia de un bebé envuelto en gasas o pañales (en referencia al niño Jesús). De hecho en algunos lugares este pan es tan ancho que no queda más remedio que transportarlo de la panadería a casa en brazos.

Se trata de una receta con historia. La primera mención que se tiene del Christstollen data del año 1329 y se le cita como un regalo de la comunidad de Naumburgo a un obispo, que agradeció el gesto convirtiéndolo en complemento obligado de la mesa navideña. En esta época era un ligero pan de adviento elaborado con agua, avena y aceite de nabo (entonces durante esa época del año no se podían consumir derivados de la leche). Como podéis imaginar la mezcla no gozaba del favor de muchos nobles; así que estos enviaron en 1430 una delegación a Roma con la misión de que el Papa hiciera una excepción y permitiera usar leche y mantequilla en su elaboración. La petición fue rechazada, pero el perseverante carácter alemán prevaleció y finalmente fue aceptada en 1491. Eso sí, el Santo Padre estableció que, a cambio de la bula, cada vez que se elaborara un Christstollen se tenía que dar un donativo para la construcción de la Catedral de Friburgo. Además se prohibía su consumo a las clases bajas. Los nobles alemanes aceptaron la primera condición, pero los panaderos hicieron caso omiso de la segunda.

Sin embargo a la receta le faltaba algo. Según la tradición oral un pastelero llamado Heinrich Drasdo tuvo la idea de añadir a la masa frutos secos pues le parecía que este pan era demasiado "sencillo". Ignoramos el año en que ocurrió tal cosa, pero gracias a esa improvisación el Christstollen llegó a su forma actual.

Ya lo dijimos en el pasado, pero vemos que es verdad: muchas veces una receta sencilla esconde una historia compleja.