Québec, donde el río se estrecha

Québec, donde el río se estrecha

Québec

A menudo, cuando pensamos en la historia del norte de América evocamos un pasado de colonos de habla inglesa; pero lo cierto es que también Francia tuvo mucho que ver en el destino del nuevo continente. Québec es una prueba de ello: actualmente es la única región mayoritariamente francófona no sólo de Canadá, también de Norteamérica.

Todo comienza en 1534, cuando el explorador francés Jacques Cartier tomó posesión en nombre de Francia de las tierras donde se acabaría alzando la ciudad de Gaspé. La historia de la comarca es convulsa y las luchas entre franceses e ingleses fueron numerosas. Todos sabemos que estos altercados terminaron con la victoria anglosajona pero, ¿cómo puede haber un territorio tan grande de habla francesa en un país perteneciente a la Commonwealth inglesa? Remontémonos a 1774: en aquel año el gobierno de Londres reconoce de manera oficial los derechos del pueblo francés de Canadá a usar la lengua francesa, a practicar la religión católica y a utilizar el Derecho Romano.

La principal ciudad de la región es, como no podía ser de otra manera, Québec. Se encuentra en un estrechamiento del río San Lorenzo (de hecho "Kebec" en lengua de los nativos de Canadá significa "donde el río se estrecha"). Fue fundada en 1608 y se convirtió en el corazón del territorio que fue conocido como "Nueva Francia". No es de extrañar entonces que uno de sus mayores atractivos sea su centro histórico (Vieux-Quebec), un barrio que conserva edificios con siglos de edad, que curiosamente parece un pedacito encantador de Europa y que fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1985. Como corresponde a una antigua población católica el edificio más emblemático del lugar es la basílica menor-catedral de Notre-Dame, uno de los lugares de culto católico más antiguos del continente.

La parte baja de la ciudad o Basse-Ville (a la que puede llegar desde el centro histórico en funicular) es, con diferencia, la más animada de la ciudad: centros culturales, tiendas de artesanía y restaurantes nos salen al paso. Seguro que pasamos un buen rato paseando por sus calles. No debemos olvidar, sin embargo, que estamos en la salvaje Canadá y que parte del encanto de Québec está también en sus parajes naturales: a menos de 30 minutos de la ciudad se encuentra el Cañón Santa Ana y a 10 kilómetros del centro de Quebec podemos encontrar las Cataratas Montmorency, que superan en 30 metros de altura a las del Niágara.

Esta curiosa mezcla también se nota en el lenguaje: el francés quebequense tiene un acento más fuerte y es más dado a usar anglicismos, pero es igualmente válido (e incluso gusta a muchos europeos). Así que si queréis conocer un francés distinto pero también interesante venid a Québec con nosotros.

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