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Cambridge, donde el saber tiene lugar

Cambridge

A orillas del río Cam se encuentra una ciudad que se ha convertido en sinónimo de sabiduría, prestigio y la erudición inglesa... con permiso de Oxford. Se trata de Cambridge, una de las ciudades universitarias más famosas, pero también más desconocidas.

¿Cómo puede ser eso? Para los que no somos de ahí, Cambridge es fundamentalmente su universidad. Tanto es así que podemos pensar que la ciudad no es más que un enorme campus. Cierto es que el ambiente de estudio está presente en todos los lugares y que, si damos una vuelta, nos encontraremos con que la mayoría de gente con la que nos cruzamos son jóvenes estudiantes. Pero también es cierto que esta villa es un lugar que merece ser visto por sí mismo.

Historia no le falta: ya existía un asentamiento de la edad del bronce en la zona y restos arqueológicos han demostrado que hubo varias granjas romanas en la zona. Fueron los sajones los que pusieron a la ciudad en el mapa llamándola "Grantebrycge". Con el tiempo el nombre del río Grant se simplificaría y acabaría siendo conocido como "Cam". Durante la ocupación vikinga (siglo VII) se convirtió en una poderosa villa comercial. En 1068 volvía a manos de los ingleses. Su destino iba a ser el de una ciudad comercial, pero a principios del siglo XI varios académicos de Oxford que huyeron de una reyerta con agentes de la ley se refugiaron en la localidad. Dado que no podían volver a su antigua universidad decidieron fundar en 1209 la suya propia y la historia del lugar dio un giro. El número de comerciantes menguó y creció el de profesores, doctores y estudiantes que preferían la modernidad de la nueva academia.

De eso hace ya más de 800 años, que se dice pronto. Totalmente volcada con una población siempre joven (unos estudiantes han ido sustituyendo a otros generación tras generación) en Cambridge se da una curiosa mezcla de juventud y antigüedad. Uno puede encontrarse con algo tan vetusto como la All Saints Church (un ejemplo del gótico inglés) y dos calles más abajo dar con un moderno pub. Digamos que la sensación es una vibrante vitalidad. Una sensación acrecentada por las numerosas zonas verdes que se pueden encontrar por la ciudad (si vamos en verano veremos multitud de estudiantes descansando o repasando sus notas).

Otra nota a destacar es la que da su "sano" ambiente. No es ninguna tontería: la bicicleta es el medio de transporte más popular del lugar, hay muchísimos carriles destinados a estos vehículos y se puede alquilar uno por menos de cinco euros al día. Es probable que, dado su carácter académico, el "mens sana in corpore sano" se haya convertido en lema de sus habitantes.

Es curioso, pero creemos que uno de los grandes atractivos de la ciudad, al margen de la universidad, de su historia y de sus monumentos es algo inexplicable: una atmósfera que ejerce sobre nosotros una extraña influencia. ¿Alguna vez habéis sentido cierta vitalidad y energía después de hacer ejercicio? Cambridge tiene un efecto parecido. Y ahora, que nos quedan las últimas plazas para nuestros cursos allí, es el momento de descubrirlo.

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