Boletín de Cultura internacional de Enforex | Curiosidades | El esquí nació en Noruega

El esquí se inventó en Noruega

Esquiador

Es el deporte de invierno por excelencia y quienes lo prueban dicen que no hay ninguna sensación como la que se experimenta cuando uno se desliza colina abajo sobre sus esquíes. ¿Qué debió sentir entonces el primer esquiador al descubrir una nueva manera de desplazarse?

Porque en un principio el esquí era meramente eso: una manera de ir de un lado a otro cuando los caminos estaban cubiertos de nieve. Así lo atestigua un grabado en piedra del año 2.500 a.C. hallado en Rodódy (Noruega) que ha resultado ser el testimonio más antiguo de esta actividad.

Ir sobre dos tablas para deslizarse por la nieve y no hundirse en ella resultaba una extraña costumbre a ojos de quien no fuera nórdico. Así la primera mención escrita al esquí data del año 500 y la encontramos en las crónicas de un sorprendido emisario bizantino en tierras del norte. Igualmente los chinos se hicieron eco de la peculiar costumbre de los habitantes de las lejanas tierras septentrionales de ir sobre “caballos de madera”. Ya entrados en el más “moderno” siglo X varios historiadores hablarían de cómo los “bárbaros” vikingos caminaban con medios troncos atados a los pies a los que se les daba el nombre de “skith”.

El paso de medio de transporte a deporte tuvo que esperar varios siglos. En 1870 el noruego Sondre Norheim decidió convertir en una disciplina la manera tradicional de esquiar en la provincia de Telemark. Posteriormente, en 1896, un apasionado del nuevo deporte llamado Matthias Zdarsky escribiría su primer manual y hacia 1905 el ejército noruego lo incorporaría a las prácticas de sus divisiones de montaña.

Pero la verdadera popularización del esquí se daría en 1924 y en una tierra tan lejana de Escandinavia como Austria: el alpino Hannes Schneider abre la primera escuela y convierte lo que era parte de instrucción como guía de un hotel en su profesión. Comenzaban los tiempos de la expansión del deporte y también su idilio con los lujosos hoteles alpinos, que empezaban a acondicionar pistas para aquellos clientes dispuestos a aprender una actividad en la que se unían diversión, elegancia y paseos por los espectaculares paisajes de los Alpes. También los primeros campeonatos y la profesionalización de sus practicantes.

Y con esto terminamos este artículo: sí ha sido tan rápido como un salto y sabemos que la historia de este deporte tiene más giros que un slalom, pero os esperamos que os haya gustado. ¡Y ahora a la pista, que hay que practicar!

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